Revista Bacanal

Favio Posca
Un actor en el margen

Agradecimientos: Ay Not Dead, Honkytonk, Gowas

Controvertido y polemico, logro dejar su personal sello en el cine, la television,
el teatro y la radio. Multifacetico, continua apostando por el salto mortal antes
que por caminar los senderos conocidos. Y en su nuevo espectaculo, deja en
claro su mensaje: “El arte debe SER subVersivo”.
texto Alejandro Lingenti Fotos Alejandra Lopez Produccion Lulu Milton

Al mal tiempo, buena cara. Eso
seguramente pensó Fabio Posca
el año pasado, cuando salió eyectado
del programa de Susana
Giménez. Recién estaba calentando motores
en el ciclo, pero llegó una queja formal de la
Asociación Argentina de Ayuda a la Persona
que Padece de Esquizofrenia y su Familia
(APEF) por su personaje Pitito y la producción
no dudó: podía seguir sólo si excluía a
ese personaje que, según los denunciantes,
se burlaba de los enfermos de esquizofrenia.
Posca tampoco titubeó y se fue del programa.
Pitito es ahora uno de los múltiples personajes
bizarros que forman parte de Bad Time Good
Face, el exitoso espectáculo que convoca 700
personas por noche (jueves, viernes y sábados)
en el teatro Maipo desde hace meses. Es el
séptimo show teatral en la carrera de este marplatense
que vino a Buenos Aires hace ya una
punta de años, cuando sintió que su ciudad le
quedaba un poco chica: “Ya había cumplido
todos los objetivos que un marplatense puede
cumplir ahí. Dije: `Me quedo y soy Gardel
acá o me voy y empiezo de cero allá´. Y elegí
bien. Justo mi mujer se venía para hacer una
residencia en el Hospital Borda… Yo llegué
y fui directo al Teatro San Martín. Llevé un
carpetón terrible, con curriculum, fotos, recortes…
Y al toque me dijeron: ‘Mejor tirá
la carpeta y pelá en el escenario’. Arranqué
rápido y con un buen sueldo, no es que tuve
que hacerme primero en el under”, recuerda
hoy. Ya instalado en Buenos Aires, Posca hizo
de todo: TV, radio, cine, teatro. Su formación
-estudió danza, clown, acrobacia y teatro- es
la que de algún modo ha determinado su estilo,
más bien ecléctico. El resto de la receta
es una notable afición por la provocación. El
SEPTIEMBRE 2010 BACANAL 61
humor de Posca tiende generalmente al impacto,
deja de lado las sutilezas.
“Yo creo que he subvertido el orden del lenguaje
teatral. Por eso, justamente, soy considerado
un subversivo. Y por eso me han
atacado, porque lo que no se entiende, se
castiga. Igual no me quejo, tengo una tribu
importante de seguidores”, dice.
- ¿No te parece que algunos de tus personajes
son agresivos con el espectador?
- No, la verdad que no. Son potentes, sí, pero
si el arte no revoluciona, es al pedo estar arriba
de un escenario. Por medio del humor o de
otro impacto, la gente cambia. Te podés copar
con la música o con los textos, quedarte duro
con algo que digo, qué sé yo… Pero lo importante
es generar una reacción, eso es clave. Por
lo general, la reacción que provoco es la risa,
así que agresivo, no creo… Hace poco, según
me dijo la productora general, una parejita
se levantó y se fue de una función. Pero parece
que era el pibe, la chica no tanto… No sé,
hay de todo. Pero lo cierto es que mis otros
espectáculos eran más fantasmáticos; éste es
más directo, más destinado a la diversión, sin
abandonar mi tradicional salvajismo.
bajada de linea
La sexualidad es un tema recurrente en los
espectáculos de Posca. Y él parece disfrutar de
esa herramienta como disparador de los más
disímiles “efectos especiales”.
- ¿El sexo, hablar sobre sexo, provoca más
que otros tópicos?
- Sí, completamente. Y es raro. Porque hay
cosas mucho más terribles que un artista haciendo
ficción arriba de un escenario, así diga
un millón de barbaridades. Mucha gente se
banca la hipocresía y la mentira en la que vive
o el puterío constante de la televisión, y después
se ofende por una puteada. La sexualidad
está presente en mis espectáculos porque es
un tema que afortunadamente nos mueve a
todos. De alguna manera u otra, te involucra:
el look, la forma de hablar o de vestirte, la provocación
sensual está presente todo el tiempo,
desde que somos niños.
- ¿Este espectáculo te parece muy diferente a
los otros que hiciste?
- Definitivamente. Es que hay varios pasos
que di como artista en los últimos tiempos.
Y los di para abrir un par de puertas nuevas,
siempre dentro de mi estilo de shows, claro.
Hay elementos nuevos de la fotografía y la
música, o lugares en los que hago meter al
espectador para luego hacerlo salir por otros
diferentes, inesperados. Y hay una bajada de
línea más social que antes. Es un espectáculo
que no va tan dirigido al ghetto, a los iniciados.
Abrí la lupa para ver qué nos está pasando
como sociedad. Siempre con la risa adelante,
eso sí.
teatro y psicoanalisis
Posca es de los que trabaja solo. De los que
sube al escenario y se enfrenta a lo que venga,
poniendo como único escudo el cuerpo y un
estilo más que definido. Y esta vez, vuelve a
calzarse el traje del Llanero Solitario.
- ¿Por qué un unipersonal?
- Porque me parece interesante lo que he
logrado de esta manera. Pude meter moda,
glamour, oscuridad y deformidades, todo en
un mismo espectáculo. Es una especie de trabajo
sublimatorio, que me divierte mucho. Es
una manera de explotar al ciento por ciento la
“esencia Posca”.
- Parecés alguien muy visceral en escena. ¿En
qué medida te afectan las cosas que te pasan
antes de subir al escenario?
- Influyen en mí hasta que se produce el apagón
del comienzo del show. Ahí se acaba todo.
Hace poco hice un show con 38 grados de fiebre.
Se notaba cuando cantaba, porque tosía
bastante. Pero los kilombos y las ciclotimias
se borran arriba del escenario, te lo aseguro.
Y eso que me han pasado cosas emocionales
fuertes a lo largo de mi carrera. Ése es poder
del arte.
- ¿Alguna que se pueda contar?
- Una vez hice un show completamente shockeado
emocionalmente y resultó ser uno de
los mejores de mi carrera. Era la época de Los
quiero muchísimo. Mi asistente era un cuñado,
al que además quiero como un hermano.
Llegamos tarde a la sala porque nos agarró
un piquete del campo, y el pibe, en el apuro,
se comió una estantería oxidada que estaba
detrás del escenario. Se cortó un dedo pulgar
por la mitad y se hizo un tajo en la cabeza.
Medio terrible…Yo no quería salir a hacer el
show, pero al final él mismo me pidió que lo
hiciera. Esperé a que me llamaran del hospital
para asegurarme de que estaba todo bien y
recién ahí pude arrancar. Me salió una función
grandiosa, a pesar de la depresión que
me produjo la situación. Creo que si estuviera
haciendo un clásico aburrido en un teatro
cualquiera podría manejarlo menos. Pero como
hago lo que me gusta, me transformo. Voy
para adelante.
- O sea que es verdad que actuar es una especie
de terapia.
- El arte sublima y drena, pero eso no quiere
decir que sea cierto que si tenés un problema
lo podés “canalizar” con la actuación. Si no te
lo tomás en serio, vas dos meses a un taller, te
una vez levantás una mina y listo… Lo importante es
poner el cuerpo en movimiento. Podés actuar
o salir a correr, da igual.
- Estás casado con una psicóloga. ¿Hacés o
hiciste terapia?
- Sí, hago de vez en cuando. Pero me parece
que la mente sin el espíritu cada vez fracasa
más. La cosa puramente psicoanalítica de
revolver el pasado es muy de libro, ¿no? Un
hermoso bibliorato, increíblemente poético,
pero que no termina ayudándote demasiado.
A mí, saber por qué me pasa algo pero sin
entender cómo solucionarlo no me sirve. Te
quedás diciendo: ¿Y ahora qué?, no avanzás.
- ¿Cuál personaje de los que hacés tiene más
cosas tuyas?
- Todos. Lo interesante para un actor es poder
desdoblarse, lograr una verdad absoluta en el
escenario, interpretar lo que no es. Hago un
travesti porque no soy travesti, porque si no,
¿qué trabajo de interpretación estoy haciendo?
Los que compongo, son todos personajes que
admiro en algún punto, con los que me siento
identificado en algún lugar. Aunque sean unos
deformes. No haría un personaje con el que no
me identifique, al menos en algo.

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