Favio Posca presentó su nuevo show, "Bad Time Good Face", en el teatro El Círculo

Sexo duro, drogas ídem, humor político y religiosamente incorrecto, deformidades físicas y culturales, transgresiones de toda laya y un toque de ternura sirven para que Favio Posca componga sus monstruos y describa sus demonios en un show de alto impacto visual como lo es “Bad Time Good Face”. El nuevo show del actor marplatense, que se vio en dos funciones el fin de semana en el teatro El Círculo, refrendaron su salvaje creatividad, alimentaron su propuesta de libertad incondicional y pusieron en tela de juicio los parámetros de la normalidad. Todo, hilvanado con música, videoclips y un guión de su autoría (junto a Luisa Cayetana) para que Posca luzca su halo de desobediente de las reglas de formalidad y buenas costumbres.
En este, su séptimo show personal, priman las novedades audiovisuales. En medio de la escenografía y el diseño lumínico ideado por Sergio Lacroix, los personajes de Posca quedan delimitados por un juego de planos superpuestos, uno adelante que enmarca la acción, y otro detrás con una pantalla gigante.
Por allí pasan algunos de los mejores momentos del espectáculo cuando Posca pone a consideración de la platea su veta de director de videoclips y musicalizador. “Carita y cara” y “Hoy tomé” son un hallazgo de imágenes, sonido y inventiva.
Sin cambiar de vestuario, el actor encarna diferentes personajes. Un mimo que interactúa con la pantalla abre el show para darle después paso a la más popular de las criaturas del intérprete.

Rarísima galería. Presentado con un rock al palo, El Perro cuenta la historia de tres hermanas colombianas dedicadas a atender un extraño restaurante. Con el rictus propio de tener “medio edificio muerto”, Posca inventa una tan cómica como negra realidad que remata con un frase ya famosa para sus seguidores: “La noche sin talento es sólo oscuridad”.
Un hip hop con aires de funky ochentoso precede a Angel, “el inventor del after hour”, un tipo paranoico con más carreras que Fangio sin ser automovilista, pero que descarga un fuerte discurso de sanción a los homofóbicos. Y que finalmente reconoce ser “un mal ejemplo, pero un ejemplo al fin”.

Venal y tierno. Cuando Pitito entra en escena, previo clip, paradójicamente se mezclan la venalidad del electroshock y la felicidad a base de pastillas con la ternura y la necesidad de contención de un pibe con enanitos en la cabeza. Todo lo contrario de Astroboy, un personaje de peluca roja resentido, agresivo y con los antebrazos pegados al cuerpo. La galería se cierra con Mirsha, un travesti de los más feos que conduce la presentación de una muestra de fotos de penes.
Así, los personajes de Posca cuentan anécdotas sobre raquetazos sin hablar de deportes, sobre contracturas sin hablar de medicina, de osos hormigueros sin hablar de zoología y de portland sin hablar de albañilería. Se enorgullecen por no usar sinónimos para decir “concha y pija”. Se muestran plenos en su anormalidad. Y, casi sin querer, construyen un mundo extraño, viciado y cruel pero no menos divertido y, sobre todo, reflexivo.

 Fuente: La Capital

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