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ElCiudadanoweb
“Es un gran plan ir al teatro El Círculo este fin de semana porque se van a encontrar con algo distinto, es otra cosa”, disparó de entrada Posca en diálogo con El Ciudadano, quien además habló de su particular vínculo con el público local y de su vuelta a la televisión en una nueva ficción de Pol-ka.
—En su momento, en 2008, definiste “Puntero” como un espectáculo “de transición” ¿ibas camino hacia este nuevo show?
—Es así, todo devino en este nuevo gran show, que incluso terminó superando mis propias expectativas. Uno a veces, como artista, entra en esas etapas en las que no sabe bien qué camino tomar, y en ese sentido yo soy bastante inquieto. Entonces, entre Puntero y Gigi, la banda de rock que formamos con el Zorrito Von Quintero y Fernando Samalea, entre otros, surgió este Bad time good face, en medio de esa especie de impasse que hice todo el año pasado sin hacer teatro. Ahora sí puedo decir que es mi séptimo show con todas las letras, después del éxito que hicimos en el Maipo de llenar todo el tiempo, a pesar de que es un año con muchas cosas, hasta con un Mundial de Fútbol.
—Tras varios años de venir a la ciudad y de haber conquistado al público con el que tenés una enorme empatía, ¿sentís que en Rosario jugás de local?
—Con Rosario está claro que tengo algo especial: es un público que siempre tiene data, que es inquieto, y que sabe que conmigo siempre se va a encontrar con una sorpresa, con buena música, con imágenes potentes; pero además, porque es verdad que es un público exigente, Rosario siempre es un desafío, es como estar en Buenos Aires, es el mismo riesgo. Por otro lado, yo no salgo de gira con un espectáculo a medias, siempre que voy de gira, lo hago con la misma puesta con la que presento el espectáculo en Buenos Aires; ésa es una premisa para mí, porque además no subestimo ningún lugar, nunca voy así nomás.
—Algo que es bastante común en el interior: compañías que llegan con sus puestas a medias…
—Lo sé y me parece un bajón, pero la gente no es tonta y agradece cuando uno va con un espectáculo completo: el show es exactamente el mismo, dura lo mismo, le doy mucho valor a todo eso. Y no casualmente elijo arrancar en Rosario: hay mucha gente joven, mucho público mío, eso en otros lugares no pasa.
—¿Cuáles son los personajes que reaparecen en este espectáculo?
—Hay novedades: entre los que reaparecen está Ernesto Bilicui, personaje que siempre me pidieron y nunca más lo hice (lo mostró por primera vez en el ciclo televisivo Nico). Es aquél que tenía los brazos pegados al cuerpo, en realidad tiene como membranas, es una especie de X-Men que está totalmente revirado. Imaginate que pasaron como quince años de “no estar”, el revire es total, ahora es “Ernesto el Terrible”. Por otro lado, el Perro está con dos canciones nuevas, una de ésas es justamente “Bad time”; reaparece Mirsha, la travesti, pero como curadora de una muestra de fotos que no se puede creer. Y, entre otras cosas, está Pitito (el personaje que estrenó en el ciclo de Susana Giménez, y que duró sólo cuatro programas), que tiene una vuelta de tuerca muy grossa, porque tiene una bajada a la emoción muy importante, que es algo que también está ligado a los cambios como artista que yo estuve y estoy experimentando. Creo que esta cosa del rock, la adrenalina y la velocidad me habían alejado un poco de la emoción.
—¿Ya no acordás con aquéllos que comparan tus shows con una especie de concierto de rock a toda máquina?
—Esa energía está presente siempre, pero también el espectáculo tiene lugares en los que yo meto al espectador en algo, para luego terminar haciendo otra cosa. No es, por ejemplo, el caso de el Perro, que es un personaje súper frontal. Pero sí hay muchas situaciones en este show en las que los personajes arrancan para un lado y terminan explotando en risa porque, en realidad, terminan en el lugar opuesto al que arranqué. Por otro lado, ésta es la puesta más elevada a nivel de producción de todas las que hice hasta ahora: la escenografía, diseño de iluminación y diseño audiovisual es de Sergio Lacroix; la edición de video de Nicolás Bernaudo y la fotografía de Alejo Pichot; es gente muy importante, que ha trabajado mucho afuera, y acá lo hizo con grandes bandas como Babasónicos o artistas como Gustavo Cerati; es toda gente muy arriba, con mucha data a nivel estético. Podría decir que es como un gran show de rock donde el bonus track es la risa y la actuación.
—¿Llevar al espectador a un lugar de risa extrema para, una vez allí, arremeter con la bajada de línea es algo planificado?
—Sí, y más que nunca en este show, donde hay un cambio respecto de los anteriores, que estaban más “enghettados” en el mundo Posca y en la deformidad de mis fantasmas, donde hablaba solamente del comportamiento humano pero desde un lugar hasta más psicológico. Creo que, a partir de los momentos que atravesé como persona, hago una bajada de línea diferente, una opinión constante sobre las cosas que nos pasan desde un lugar propio, mío, porque de otro modo es lo mismo que ver un noticiero. Acá hay más cable a tierra y la gente se siente más identificada.
—¿Sentís que en estos años el mayor capital está en haber elaborado la “impronta Posca”, tu identidad?
—Es justamente como el diamante en bruto tan preciado: uno puede tener mucho talento, cantar bien, actuar bien, componer; pero si todo eso no podés canalizarlo hacia un estilo propio y que encima le guste al público, medio que no tiene sentido, porque también tenés el otro extremo, gente con estilo propio a la que no la sigue nadie.


