Diario Uno:

“Sin libertad no se produce la chispa que yo necesito para la creación”

Favio Posca. Analiza su rol en Lucho y Ramos, filme en el que hace su primer protagónico. La película, en la que encabeza el reparto con Raúl Calandra, se estrena esta semana.

Favio Posca le da una vida más a su personaje Ezequiel y se pone en la piel de Lucho, un cantante de cumbia villera que tuvo que salir a robar porque no le quedaba otra. Lucho y Ramos, el filme en el que Posca comparte protagónico con el rosarino Raúl Calandra, se estrena esta semana en el país.

“Sin libertad, no se me produce la chispa que necesito para la verdadera creación”, dijo Posca.

—¿Qué te produce tu primer protagónico en cine?
—Es una alegría total, además laburé con una enorme libertad. Para mí es una especie de ópera prima, sin ser el autor, porque colaboré tanto en los textos y agregué tantas cosas al proyecto, que me siento parte de la esencia de la película. Eso es un gran bonus track para un actor, ya que normalmente no te pasa, aunque en las películas que trabajé con Adrián Suar, ya sea Cohen vs. Rosi o Apariencias, los personajes tienen mucho de mí.

—¿Cómo es Lucho, de qué se nutre?
—Se nutre de Ezequiel, que es un cantante de cumbia que vive en una villa, vive en un barrio humilde. Ese personaje nació en el teatro, no nació en esta película. Al pibe le fue bien con la cumbia pero devino en fracaso y volvió a su esencia. Lo hacía en teatro desde hace mucho, pero igual con la ternura y su deformidad es un pibe querible, que no le quedó otra que salir a robar.

—¿Estás reflejando una realidad o lo tomás como una ficción?
—No, reflejo una realidad en un punto, pero vamos llevando la película para ese lado. Está bueno que Lucho y Ramos sea una comedia, pero no queríamos que sea algo tan liviano al pedo. Hoy en día la gente busca algo más, y cuando me ve laburar a mí también. La peli tiene emoción, tiene delirio, pero también tiene una cosa de pedir a gritos: “Viejo, estoy obligado a todo esto, no me quedó otra”.

—¿Por qué el personaje hace ese reclamo?
—Y, claro, esa cosa de buscar fama desde algún lugar. De decir está toda la tele y el FBI para mí, esa cosa inocente y desesperada del pibe, que quiere figurar en el mundo. Es una cosa que te podés cagar de risa o no, podés ver esa soledad absoluta, esa alienación de esa franja marginal de la sociedad. Después nosotros los culpamos, porque tampoco merecemos andar esquivando las balas, pero no sólo el pibe es culpable de salir a robar, nosotros también somos culpables de todo lo que pasa.

—¿Siempre tenés mucha libertad para crear tus personajes?
—Sí, es que sin libertad es imposible. Bah, es posible, pero a mí no me produce la chispa que necesito para la verdadera creación, o sea, yo podría ser un actor que me deje llevar como una marioneta, hay millones de actores así. Pero en esta vida uno está para algo, si tengo la suerte de ser artista, yo tengo que explotarlo a morir, y eso conlleva a pagar ciertas facturas, ciertas censuras que te hacen sufrir. Yo elijo la libertad y no estar en la tele. Hoy hace tres años que no hago tele y sin embargo estoy haciendo mi show en el Teatro Maipo y lo lleno de gente joven todas las noches. Es un teatro adonde no iba la gente joven, porque siempre fue un lugar para gente de la tercera edad. Me dicen que soy muy salvaje, demasiado outsider, pero puedo mostrar qué pasa cuando Posca hace la suya con su mezcla de talento y libertad, y estoy estrenando un horario de trasnoche. Es el fruto de ser como soy.

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