Diario La Razón

“Ojalá nunca pierda mi salvajismo ni la libertad para crear”

“Mi show genera catarsis, es una previa para luego tener sexo”, grafica sobre el clima que causa con su audaz pieza en las masivas trasnoches del Maipo. “Existe la fantasía de que estoy duro todo el día”, dice sobre sus monstruos, por momentos tan reales.

Jueves, casi medianoche, frío y lluvia. No hay un alma en la esquina de Esmeralda, altura de Corrientes. Sin embargo, a treinta metros de la esquina, camino a Lavalle, el bullicio es ensordecedor. No cabe un alfiler en el hall del Maipo, donde está por comenzar “Bad Time, Good Face”, el potente espectáculo con el que Favio Posca inauguró la trasnoche del teatro, luego de quince años en La Plaza.

Durante las dos horas del show, la gente responde a lo bueno y audaz que recibe desde el escenario. Y al final, la sala vive un clima volcánico. Pero a Posca no le sorprende, “estoy acostumbrado”, dice sin ufanarse. “Yo me pego una ducha, como algo y salgo rápido del trance. Pero sé que el público termina cebado”.

Se percibe la calentura. Es como que no da para irse a dormir…

Mi show es como una previa para luego ir a coger. Viene mucha gente joven y arrastro un target de chicas jovencitas muy bonitas. Siempre fue así. La idea que yo tengo como artista es que esto que hago movilice. Y creo que logré algo importante, que es que una vez que entrás al show, no salís más porque no podés…

¿Qué tiene “Bad Time…” respecto de otros shows anteriores?
Este tiene crítica desde lo social. Aquí puedo permitirme observar más a mi alrededor, hacer hincapié en el comportamiento humano, el comportamiento del argentino. Siempre desde la periferia, obvio. También me muestra menos hermético, menos encapsulado que años atrás.

Con tu salvajismo como sello…

Obvio, mi salvajismo es mi marca, una manera de ser y de crear que, espero, no pierda nunca. Así soy yo. Ser salvaje es mi esencia. Quiero ser libre, mis espectáculos son liberadores.

Posca debe ser de los actores con más opuestos entre su vida real y lo que exhibe en el escenario. En la charla, en su amplio camarín, luce serio, por momentos parco y sobre todo medido.

“Disfruto y me divierto en la creación. Es como que redoblo la apuesta siempre. Y también me satisface saber toda la fantasía que hay sobre mi persona. Creo que el artista que se precie de tal tiene que tener el don de poder hablar de cosas que no tengan nada que ver con uno”, siente.

¿No te parecés en nada a Pitito, El Perro o Angelito, entonces?
Vos pensá que canto, bailo, no paro de hablar… Existe la fantasía de que yo estoy duro todo el día… Sería una utopía pensar que podría llevar a cabo esta puesta en escena. No te voy a negar que muchas cosas tienen que ver con experiencias mías, pero fantaseo bastante.

¿Se puede decir que tu menú habitual es sexo-droga-locura?
Es más profundo. Hablo de la discriminación, el prejuicio, la involución espiritual y de otras cuestiones nada divertidas, pero que yo le encuentro la vuelta para que la gente las tome a la risa. Y dentro de ese marco, aparecen el sexo, la droga y la locura.

O sea, criaturas no aptas para televisión…

Así parece, si tomamos cómo me fue cuando estuve en lo de Susana Giménez (mayo de 2008). Son monstruos y deformidades que el televidente medio no compra. Y bueno, me tuve que ir…

Cuesta pensar que hayas aceptado ir al living de Susana…

Ya está, me equivoqué yo al pensar que podía llegar a funcionar. La verdad no da para más, el tema no amerita seguir conversando por qué agarré en su momento. Ya fue. Miro para adelante y no me veo en la tele, simplemente porque creo que la tele no se lo merece. Y porque el Maipo sí se merece tener estos momentos únicos e intransferibles.

El “tema Susana” pincha, pero rápido de reflejos, cuenta que ya va por su séptimo unipersonal, que dejó una huella imborrable durante quince años en el Complejo La Plaza y que, por toda esta experiencia, no cree que sea “un incomprendido”.

También debés haber padecido que unos cuantos se levanten en medio de la función, ¿no?
Sí, me pasó un montón de veces, aunque no en este show… todavía. Vengo virgen por ahora. Pero seguro que ocurrirá; no obstante, no me importa ni me preocupa, son las reglas del juego. Por ahí hay gente que me identifica por las tiras livianas que hice en la tele y me viene a ver y se encuentra con flor de chasco.

¿Qué opina tu mujer, que es psicóloga, sobre tus obras?
Con Luisa creamos codo a codo. Somos dos plumas que nos potenciamos. Ella es el equilibrio justo para bajarme de mi locura. Es fundamental en la concepción estética de la puesta.

En el comienzo de la función hay un videoclip en el que Posca, serio y sarcástico, cuenta los consejos -de colegas y críticos- que él recibe para cambiar su estilo y aprovechar de otra forma su potencial. “Sos un desperdicio, Favio. ¿Por qué hacés esas deformidades?”, lo disuaden. “Es gente arrinconada por el purismo y el prejuicio, que habla de un show ‘políticamente incorrecto’, esa fucking frase, como si la política fuera correcta. Es una gran paradoja. Pero la respuesta a ellos es…’Bad Time Good Face’”.

 

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