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Bad time good face: Favio Posca recargado

(ARGENTINA) – El trasgresor actor, aunque él prefiera definirse como un artista que logra estados en trance absolutos, presenta su nueva obra. Con autoría propia y de Luisa Cayetana, cada jueves y viernes se lo puede ver en el emblemático teatro Maipo. La propuesta plantea un espacio diferente: pretende inquietar a los sentidos, desoxidar y, por supuesto, hacer reír. Dos horas de un viaje que “te deja con la mecha encendida

Por Nicolás Bal, de la redacción de AL

Favio Posca ya se lo había preguntado en la sinopsis de su nueva obra de teatro: ¿por que Bad time good face (Al mal tiempo buena cara)? Porque en estos tiempos que corren, tan áridos, vacíos de contenido e híbridos, este actor opta por aceptar y abrirse a cualquier manifestación, pero no rechaza nada de por sí; en cambio, expresa lo que siente, lo que piensa… cada emoción que vive.

 
La pieza fue escrita por el mismo Posca junto con Luisa Cayetana. Ambos se conocieron estudiando en la Alianza Francesa. Mientras charlaban, además de descubrir que eran colegas, imaginaron poder hacer un show que partiese a partir de la necesidad de mover a la gente, mediante un hecho artístico, desde otro lugar.

 
Así nació entonces Bad time good face, que se puede ver todos los jueves y viernes a las 23.30 en el Maipo. El título se vincula con plantear un espacio diferente de lo que la hipnosis creativa general propone, “esta especie de lobotomización por la que estamos pasando y en donde se ha perdido el tester de calidad”, explica el actor. La obra inquieta a los sentidos, desoxida, y además genera risa, “da ganas de salirse del mátrix que nos dice que si algo está bien promocionado, seguro que es bueno”. Son dos horas de un viaje que “te deja con la mecha encendida”.
Favio Posca, pese a sus espectáculos trasgresores, dice que no se siente así, que esa definición, ese mote en el que lo han colocado, no le dice mucho. Que se siente más bien un artista que logra estados en trance absolutos en busca de esa sensación muy emparentada con ser feliz… “y que se llama libertad”, dice, medio en serio y medio en broma, rozando la poesía.

 
Ahora, ¿por qué el teatro Maipo, cuando en realidad usted está acostumbrado a circuitos más alternativos?
Es que sentimos que era un desafío llevar a la gente que desde siempre me sigue, muy joven en su gran mayoría, al Maipo. A este teatro hay que conocerlo. Por suerte, superó nuestras expectativas: la sala explota y todos se sorprenden con su belleza.

 
En este show, que cuenta con una determinada música como pilar trascendental e incorporó también fotografía y multimedia, Posca muestra personajes nuevos y otros que no lo son tanto, como Pitito o El perro, que en este espectáculo están bien arriba.

Pero… ¿cree que su humor resulta para todo tipo de público o para el que solamente entiende sus códigos irónicos?
Generalmente, son para gente joven, ávida de escuchar buena música y rápida en procesar las imágenes que le tiro mediante los textos, con un lenguaje nuevo dentro de lo teatral, en donde la síntesis es casi cinematográfica.

 
¿Y cómo hace para llevar a cabo personajes crudos que provoquen risas, pero sin herir la susceptibilidad de los espectadores? Porque usted habla de sexo, drogas y excesos…
Básicamente, con mucho respeto y conocimiento de causa. Sacando la risa de donde no haya y generando descompresión, diciendo lo no dicho con total naturalidad, pues aunque parezca mentira, hablo –ni más ni menos– de nosotros mismos, del comportamiento humano sólo, sin caer en obviedades ni en golpes bajos.

 
Entonces, ¿la gente sensible debe abstenerse de ir a verlo?
¡Al contrario! La gente sensible es la que más disfruta el show. En todo caso, gente prejuiciosa o muy encerrada en lo que es correcto o no: ¡abstenerse!

Bad time good face resulta un espectáculo de arte puro, porque si alguien del público consigue subirse al escenario, luego, seguramente, volverá para que amigos o conocidos vivan la experiencia. Aquí la trasgresión a los límites sólo exige valentía. La única forma de responder a tanta intriga, es viendo la función. De eso no caben dudas.

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